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La vida práctica es inseparable de la vida creadora. Un hombre creador que no es práctico es un mal artista. Un hombre práctico que nos creador no es un hombre práctico, es un burro de noria. No hay que decir que es ‘idealista’ querer ir en auto ignorando la gasolina. Hay que decir que es estúpido. Tan estúpido como no querer ir a otra parte que a cargar gasolina.
– Gabriel Zaid. “La efectividad poética”
Siqueiros Stanley (Tomada con instagram)

Siqueiros Stanley (Tomada con instagram)

Carta de un jesuita a Daniel Zamudio

Estimado Daniel:

“Tengo claro que algunos sectores de la Iglesia aún poseen una posición intolerante que no comparto”.

Me permito escribirte estas líneas pese a que no nos conocemos, y a que posiblemente no logres leer esta carta. Lo hago, porque no puedo quedarme callado por el mal en el que unos recalcitrantes sujetos o, mejor dicho, canallas que no son capaces de reconocer la grandeza y misterio del ser humano, te masacraron a golpes tan sólo por tu condición sexual.

Probablemente, te preguntarás por qué un religioso te está escribiendo, sabiendo que ha pertenecido a una institución que ha condenado moralmente y excluido a los homosexuales en tiempos pretéritos. Por desgracia, vivimos en una sociedad homofóbica, que no respeta esa condición. Te cuento que soy reacio a las posiciones irrespetuosas, las que censuran, las inquisidoras, las oscurantistas. Mi actitud frente a esta tendencia es de diálogo. Tengo claro que algunos sectores de la Iglesia aún poseen una posición intolerante que no comparto: pero ése es otro tema.

Te escribo con la intención de contarte que este bestial, cruel y despiadado ataque no pasará a la historia como un asalto más, o como una noticia de crónica roja más. Te prometo que lucharemos y combatiremos para que esta práctica nefasta sea extirpada de nuestra sociedad. Ha habido instituciones que han sido proféticas en la denuncia y condena de estos actos; el MovilH y la Fundación =Iguales entre otras. Para mí esas instituciones han sido presencia de Dios, y lo afirmo,  han sido, puesto que las lesbianas, gays, transexuales y bisexuales son hijos e hijas predilectas de Dios porque han sido perseguidas, pisoteados y excluidos en la historia.

Estoy seguro, Daniel, de que Dios te ama profundamente, ama tu vida, tu familia y tu condición homosexual, para nosotros eres nuestro orgullo y causa de admiración. Si nosotros los cristianos creemos en un Dios que es y se manifiesta en el amor, ¿no será que el amor entre personas del mismo sexo, por lo tanto, no es nada más ni nada menos que una concreción del amor de Dios? Créeme que si la utopía del amor se concreta, espero que nunca más existan las trincheras del odio y la violencia.

Me despido con un abrazo grande y te encomiendo en mis oraciones.

Hasta siempre, Daniel.

Dos ancianitos autócratas que yo no quisiera de abuelos…

Dos ancianitos autócratas que yo no quisiera de abuelos…

Lo creíble por increíble y lo cierto sólo porque es imposible.

Trabajo con Pierre Menard. Y dice que usa el Manual APA.

Amenaza contra defensor de “La 72”, Casa del Migrante

Buen día a todas y todos.
 
Ayer por la tarde cuando regresaba de una visita al Campamento de desplazados guatemaltecos de Nueva Esperanza, Ruben Figueroa, Defensor de Derechos Humanos, quien desde hace meses nos acompaña en La 72, Hogar - Refugio para Personas Migrantes, me informó que había sido amenazado por una persona. Los hechos narrados por Ruben fueron así:
 
“El sábado le pedí a una persona que se retirara de La 72, pues según las normas que tenemos no podía continuar. Al siguiente día esa persona, montado en una bicicleta se acercó la casa y le dijo a Ruben: “Tu sabes como corre el agua, no debiste sacarme de aquí, más adelante en cualquier momento te va a pasar algo”. Le dije que se retirara y que nuestra labor estaba expuesta a sus amenazas también”.
 
Esta es una nueva muestra de lo expuesto que estamos en Tabasco y en todo el país las personas que nos dedicamos a hacerle el camino un poco más ligero a las personas migrantes. Conozco a Ruben lo suficiente como para expresar la calidad de su trabajo, las convicciones de su vida y la pasión que pone en la defensa de las y los  migrantes.
 
Hacemos un llamado a las organizaciones civiles para que se exiga a las autoridades correspondientes, el cumplimiento de las medidas cautelares dictadas por la CNDH para La 72, que hasta el momento están suspendidas de facto. A los medios de comunicación agradecemos la difusión de estás lamentables noticias.
 
Gracias por la solidaridad de todas y todos.
 
Tomás [Fray Tomás González Castillo, OFM, Director de la Casa del Migrante en Tenosique, Tabasco]

Shockwave traffic jams recreated for first time (by newscientistvideo)

Respuesta a senador pejista herido

Acerca de ¿Es posible una república amorosa?

Del senador Carlos Sotelo García

Señor director:

Le solicito publicar en Palabra de Lector la presente carta, acerca del artículo de Javier Sicilia aparecido en Proceso 1833 bajo el título: ¿Es posible una república amorosa?

Estimado Javier: en la marcha de Cuernavaca a México, en el primer día, tuve el privilegio de acompañar a los exfuncionarios públicos que estuvieron injustamente presos a raíz del famoso “michoacanazo”. En ese proceso, con claros tintes político-partidarios, me tocó asumir la defensa de los involucrados. Fue el primer gran fracaso de Felipe Calderón en su guerra absurda contra el narcotráfico.

Ahí tuve el gusto de conocerte y saludarte. Desde entonces he seguido de cerca  el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad. En la medida de mis posibilidades, he apoyado esta lucha justa y necesaria; apoyo dado sin ningún condicionamiento, sin estridencias; de ello puede dar testimonio un compañero morelense que comparte tu lucha y que milita en mi partido, el PRD.

Me duele profundamente tu nota sobre Andrés Manuel López Obrador. No objeto tu derecho legítimo a cuestionar a la clase política en su conjunto. Hasta antes del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad, eran cifras, datos, daños colaterales, a los que tu lucha dio rostro, apellido, nombre a los padres, hijos, sobrinos, amigos y vecinos.

Tú abriste los ojos y el corazón de millones de mexicanos ante el holocausto provocado por Estados Unidos, su iniciativa del Plan Mérida y un gobierno espurio e ilegítimo.

Tienes razón cuando cuestionas el término de “república  amorosa”; no es un concepto político afortunado; creo que debemos luchar por un país justo, igualitario, soberano, equitativo. Introducir conceptos ajenos al terreno político nos lleva a la confusión de la vida pública con la vida privada.

Ahí es donde no tienes razón, querido Javier: tus conceptos religiosos son absolutamente respetables, pero son conceptos privados de tu forma de vivir y asumir tu cristianismo, por lo demás encomiable y digno de admiración.

No comparto contigo, ni con el católico Felipe Calderón, la invasión de esferas netamente republicanas, laicas. Paradójicamente, Felipe y Margarita Zavala son los principales promotores de la visita del Papa; lo hacen para contrarrestar tu influencia y la simpatía creciente por Andrés Manuel. Ya verás al “papamóvil”, al Papa, lanzándose en apoyo grotesco por los nietos de los cristeros, por los católicos hijos de Marcial Maciel y esa Iglesia cómplice de los oligarcas y sus gobiernos de derecha; esa Iglesia que ha mantenido un silencio escandaloso sobre las victimas de la guerra impuesta por la DEA al pueblo de México.

Un Papa que vendrá a impulsar al candidato del PAN o del PRI, hoy unidos en su vehemente deseo de servir de monaguillos del poder eclesial, en un ataque frontal al Estado laico, con el señor Peña Nieto de sacristán mayor.

Lamento que equipares a Andrés Manuel con los otros candidatos. Efectivamente, aún no se retoma con la fuerza que debe tener el problema de la ruptura del tejido social en estos años aciagos de la guerra entre mexicanos; tampoco el tema del lavado de dinero del narco que invade la economía formal de manera avasallante y, con ello, la vida política y social del país. Pero los antecedentes de Andrés Manuel son muy distintos a los de Peña Nieto o a los de cualquier candidato surgido del PAN.

Tienes familia en el DF. ¿No te han contado sobre las políticas sociales de Andrés Manuel a su paso por la administración del GDF?  ¿Sabías que es la entidad con mayor presupuesto destinado a los jóvenes, a las madres solteras, a los adultos mayores?

¿Sabes de la inquebrantable honestidad de Andrés Manuel y su obsesión para bajar los obscenos privilegios de la clase política en su conjunto?

En el PRD cohabitamos pillos de siete suelas y gente con convicciones y principios. Andrés es sin duda uno de los políticos mexicanos más queridos y respetados en el pueblo, por su testimonio, por su congruencia. ¿Nadie te ha mencionado esto?

Javier: hoy tu voz tiene un peso enorme en la opinión pública por tu congruencia y honestidad. Por ello te exhorto con respeto y cariño a revalorar. No te pido tu apoyo ni tu respaldo, tan solo un juicio equilibrado y justo sobre un político que, en el desierto, en el páramo de la vida pública de nuestro país, es un referente, una esperanza para los pobres de México entero.

Una esperanza para moderar la despreciable riqueza de un puñado de oligarcas –la mafia del poder, les llamabas con justicia– ante el mar de pobreza y desolación de millones de jóvenes que ven cancelados su futuro, su vida, su destino ante la insaciable voracidad de estos oligarcas y los gobiernos que sólo trabajan para ellos y su sed de oro y riquezas.

Un fuerte abrazo, mi estimado Javier; que tu voz siga sonando fuerte y, claro, por una paz con justicia y dignidad.

Atentamente

Senador Carlos Sotelo García

Respuesta de Javier Sicilia

Señor director:

Le solicito publicar la siguiente respuesta al senador Sotelo García.

Mil gracias por tu carta, querido Carlos; mil gracias también por haber caminado al lado del dolor de tantas víctimas, que son el rostro más claro de la injustica, del desastre y de la ausencia de Estado por los que atraviesa la nación.

Creo que tú, como muchos, que tienen una confianza ciega y poco crítica en las elecciones, me han malentendido. Mis críticas a la “república amorosa” de AMLO son del orden de las distinciones, tan necesarias en una época cada vez más confusa.

El amor, lo quieras o no lo quieras, incluso en el sentido confuso en que lo maneja AMLO –recuerda que AMLO es también católico– es hijo, en Occidente, del Evangelio, que rompe con la manera antigua en la que la hospitalidad se ejercía  como una obligación con los connacionales, pero no con los enemigos o con otros pueblos. Jesús introduce  –la parábola del buen samaritano es su expresión más clara– la noción de libertad, ajena al poder, ajena a la obligatoriedad: el prójimo, dice Jesús, es a quien yo escojo amar; incluso puede ser, como el tema de la parábola a la que me refiero, un enemigo (en relación con esto te recomiendo que revises mis artículos de Conspiratio y a Iván Illich). Esto, querido Carlos, nada tiene que ver con la Iglesia, que institucionalizó esa caridad y la corrompió, ni con una república que en sus instituciones de servicio no hace otra cosa que continuar la corrupción que la Iglesia inició; ni, en consecuencia, con Calderón, ni con el Papa y su visita a México, o lo que queda de él, sino con el Evangelio y la libertad de la vida espiritual –nuevamente hay que hacer distinciones, para no introducir mezclas innaturales–.

No tengo, en este sentido, nada personal contra AMLO –es más, me simpatiza mucho, lo quiero y coincido con  él más que con los otros candidatos–. Mi problema es con la partidocracia y con la realidad del país: balcanizado por el crimen, destrozado en sus instituciones, corrompido en sus partidos –¿dónde están los castigos ejemplares a los corruptos del PRD, del PAN y del PRI?; cada uno tiene sus criminales consentidos por los propios partidos– que nos negaron la Reforma Política –¿por qué tendríamos que darles de nuevo un cheque en blanco?– y que no están atendiendo el problema fundamental del país: la paz y la justicia.

AMLO, fuera de un programa a largo plazo para reconstruir algo del tejido social, no ha hablado de esos asuntos; parece que para él, como para Calderón, como para los precandidatos del PAN, como para Peña Nieto, la guerra no existe ni las víctimas, ni tampoco la corrupción ni la impunidad que corroe a los partidos y a las instituciones del Estado. Para ti tampoco, querido Carlos. No mencionas en tu carta ni a la guerra ni a las víctimas, que siguen sin justicia –incluso en estados perredistas–, ni la militarización del país, consentida y apoyada también por gobernadores perredistas.

Yo insisto en que, ante las condiciones que vive el país, la única manera de salvar la democracia es una agenda de unidad nacional donde todos juntos trabajemos por salvar a la nación y refundar el Estado. Lejos de ello, los candidatos, ajenos a la emergencia nacional, continúan sus campañas, que buscan gestionar instituciones inoperantes y corrompidas y, con ello, la guerra por otros medios.  Aunque AMLO ganara, lo haría como cualquiera de los otros, con mayorías relativas y, por lo tanto, en las condiciones de emergencia nacional en las que estamos sería incapaz –como los otros, como lo ha sido Calderón– de sanar el país y reformar el Estado. AMLO, por ejemplo, no podrá controlar a los gobernadores de su partido, convertidos en virreyes, y que no se distinguen de los gobernadores de otros partidos.

El problema, por lo tanto, no es de personas, que pueden tener las mejores intenciones, sino del pudrimiento del Estado y de los partidos, que, dada la emergencia nacional en la que estamos sumidos, debe resolverse de manera integral y profunda, no con la cosmética de unas elecciones que nos están distrayendo de los problemas fundamentales de la nación y que terminarán –ya lo son– por convertirse en lo que no he dejado de señalar desde el 8 de mayo: las elecciones de la ignominia.

Ese es mi balance político, que nada tiene que ver con la honestidad ni con las buenas intenciones de AMLO. Por lo demás, querido Carlos, mis críticas a la “república amorosa”, fundadas en argumentos que no buscan descalificar sino debatir, precisar, distinguir y conversar sobre el problema electoral en las condiciones de emergencia nacional que vivimos, han suscitado toda suerte de injurias y de insultos contra mí por parte de muchos de sus seguidores. Si eso es lo que ellos entienden por amor –sólo se ama si se está de acuerdo con AMLO–, yo no tengo cabida en esa supuesta república ni en la de ningún otro partido cuya fuente –ha sido la constante de toda la clase política– es la rivalidad, la simulación, la ausencia de autocrítica y de crítica razonada, la impunidad, la protección de intereses y el desprecio debajo de la máscara democrática.

Llevándote en el corazón, te abrazo.

Paz, Fuerza y Gozo

Javier Sicilia

Comparto texto de Javier Sicilia sobre el silencio. Anexo después algunos fragmentos de Iván Illich que ayudan a profundizar en esta vía.


¿Por qué el silencio?
Javier Sicilia
Cuando hace casi nueve meses, en la Plaza de Cuernavaca, leí mi último poema dedicado a mi hijo Juan Francisco y me sumí en el silencio de la poesía, evoqué las palabras de Adorno:  “No se puede escribir poesía después de Auschwitz. ” Para un padre, el asesinato de un hijo se llama Auschwitz. Para ese mismo padre, un país con 63 mil 700 muertos, más de 10 mil desaparecidos, más de 250 mil desplazados, cuyos números aumentan día con día, y noventa y ocho por ciento de impunidad, se llama también Auschwitz.
La afirmación de Adorno no quiere decir, sin embargo, que todo poeta debería, a partir de Auschwitz, o de su propio Auschwitz, dejar de escribir.  Adorno es muy claro.  No dice:  “no debe escribirse”, sino:  “no puede escribirse”.  Yo, después del libro que escribí antes del asesinato de mi hijo, que concluye con el poema que le dedico, y que llevaba ya el aterrador y premonitorio título de “Los restos”, no puedo. Otros sí. Pienso en ese gran poeta que es Juan Gelman, que ha sufrido lo mismo que yo y que, sin embargo, desde su propio Auschwitz ha escrito muchos de los más bellos poemas de la lengua española. Pienso también en ese contemporáneo de Adorno, Paul Celan, que retomó la lengua alemana destrozada por los asesinos, para lanzarse en una de las más profundas e inquietantes aventuras poéticas:  “Accesible –escribió en 1958, en su discurso de Bremen–, próxima y no extraviada, permanecía la lengua [alemana], en medio de todo lo que se perdió. Sí, la lengua no estaba perdida. Quedaba salvaguardada, a pesar de todo. Pero tenía que atravesar todavía su propia incapacidad de hallar respuestas, atravesar su terrible mutismo. Atravesar las mil oscuridades de un discurso homicida. Atravesó sin hallar palabras para describir lo que sucedía. Atravesó y le fue dado reaparecer, enriquecida por todo aquello. Esa es la lengua en que he intentado, a lo largo de aquellos años, y desde entonces, escribir poesía.”
Yo, al dejar de escribir poesía, elegí estar en ese reverso: el silencio, de donde emana la palabra y en el cual se recoge.La poesía de Celan se fue haciendo, sin embargo, más críptica, más intrincada, casi un balbuceo que frisaba el silenció y que concluyó con el silencio definitivo de su suicidio –su último gesto poético en el Puente Mirabeau, del que habla Apollinaire en ese poema que revela algo del amor y del tiempo– en 1970.
El silencio, en este sentido, no es una renuncia, sino un retiramiento. Es también, como lo decía otro autor cuyo nombre no recuerdo:  “Un grito, quizá el más poderoso de todos los gritos”; un grito que, en mi caso –porque nada, ni el poeta mismo, puede silenciar a la poesía que es una Gracia en él–, se ha articulado de otras maneras: a través de actos, de símbolos y de otras formas de la escritura.
Aunque la lengua española de México está salvaguardada, en medio del Auschwitz que continuamos viviendo, en sus poetas; en mi caso –y aunque sé que mi Juanelo se encuentra ya en la resurrección del Padre– habita –porque yo continúo en el cronos, es decir, en la historia– en el silencio del Viernes Santo, en ese sitio silencioso que busca, para retomar a Celan, atravesar su incapacidad de hallar respuestas, “su terrible mutismo”,  “las mil oscuridades de un discurso homicida” que se ha adueñado de mi nación. Busca la resurrección de la carne de la Patria “para reaparecer enriquecida” y, en su dolor, transfigurada. Al decir esto, me miro en un poema del propio Celan:  “En los ríos, al norte del futuro/ echo la red, que tú/ vacilante cargas/ con sombras escritas por/ piedras.” Celan habla de un esperado “aún no”, es decir, de un tiempo y un sitio que se hallan “al norte del futuro”, en unas aguas inaccesibles en las que las propias redes que pueden arrojarse en ellas están cargadas con todo el peso de lo que es y ha sido.
Mi vida hoy se encuentra, como he dicho, en el silencio del Viernes Santo –un sitio cargado del terrible dolor de mi historia y de la historia. Desde ese silencio oteo, dentro del tiempo, las aguas misteriosas y refrescantes de la resurrección que, “al norte del futuro”, aún no llega.
Además opino que hay que respetar los Acuerdos de San Andrés, liberar a todos los zapatistas presos, derruir el Costco-CM del Casino de la Selva, esclarecer los crímenes de las asesinadas de Juárez, sacar a la Minera San Xavier del Cerro de San Pedro, liberar todos los presos de la APPO, hacerle juicio político a Ulises Ruiz, cambiar la estrategia de seguridad y resarcir a las víctimas de la guerra de Calderón.




Para comprender el silencio de un poeta…

“El mundo ya no es digno de la palabra
Nos la ahogaron adentro

Como te (asfixiaron),
Como te

desgarraron a ti los pulmones
Y el dolor no se me aparta
sólo queda un mundo

Por el silencio de los justos
Sólo por tu silencio y por mi silencio, Juanelo”.

Javier Sicilia, último poema.


En 1981, cuando la neurosis del mundo se llamaba todavía aniquilamiento nuclear, un grupo de jóvenes alemanes comenzaron a protestar silenciosamente en las calles. Se quedaban parados y sólo eso: se quedaban parados, sin hablar ni gritar. Fue una protesta singular a la que Iván Illich se unió y que después, en una conferencia de 1982 que dio en Japón, trató de justificar. Después de las críticas –muchas de “izquierda”, infundadas y con la misma lógica bárbara del poder de la violencia y la imposición; muchas otras honestas y sentidas, expresiones de confusión y malestar– que recibió el Movimiento por la Paz, y en particular Javier Sicilia, por el diálogo llevado a cabo con Felipe Calderón y sus secretarios en Chapultepec, vale la pena reflexionar sobre los límites del diálogo y las posibilidades del silencio. Que no se entienda por esto que rechazo el diálogo: sigo creyendo que la única forma de humanizar al “enemigo” es escuchándolo. Y escuchar es la mejor forma de empezar a ser escuchado… En fin, propongo reflexionar en el silencio como un recurso que, empleado en los momentos pertinentes, puede oírse más lejos que un grito.
Aquí transcribo esas ideas que pueden ayudar a entender la estruendosa denuncia del silencio:

“Sé que algunas personas dan alaridos de horror cuando ya no pueden dominar sus emociones. Y no hay nada malo en actuar por intuición del corazón más que por claridad mental. Pero, en cuanto filósofo, sé que existen poderosas razones pra rehusar el debate sobre ciertos temas. Los judíos y una franja de cristianos piensan que no deben pronunciar el nombre de Dios. Los filósofos modernos descubrieron conceptos que vuelven absurdos los enunciados en los que aparecen […]”.
“No puedo –incluso cuando invocan la importancia de un intercambio de puntos de vista –participar en una discusión en la que se considere la amenaza de genocidio, por más prudentemente que se presente”.
“No tengo otro partido más que el dar alaridos cuando encuentro gente que argumenta sobre este tema. Paradójicamente, el alarido se acerca más al silencio que la palabra […] Sin embargo, estas formas de expresión pueden hablar más fuerte y más exactamente que las palabras”.
“El silencio, engastado en el alarido del horror, trasciende la lengua. Gente de países y de grupos de edad diferentes, que quizás no tienen una lengua en común, pueden hablar con una sola voz en su alarido mudo”.
“El debate público, en particular, en nuestra sociedad actual dominada por los medios de comunicación, es forzosamente jerárquico. Pero no sucede esto con el silencio elocuente y racionalmente elegido. El especialista más inteligente y más experimentado puede usar el silencio como su última palabra. Cualquiera en el mundo puede elegir la protesta silenciosa y la manifestación de un horror indescriptible para expresar su fe directa y sagaz en la vida y en la esperanza para sus hijos. La decisión de permanecer silenciosos, el ritual del ‘No, gracias’, es una vía gracias a la cual una gran mayoría de la gente es capaz de hablar alto con absoluta simplicidad”.
“Al presenter el silencio como un ejemplo a seguir, mi intención no es la de desanimar un debate razonado sobre lo que motiva guardar silencio. Pero estoy consciente de que el silencio amenaza con introducir anarquía. El que permanece callado es ingobernable. Y el silencio prolifera […] Por ello hay que reivindicar y defender el derecho a retirarse silenciosamente del debate, el derecho a interrumpir la discusión cuando los participantes estiman que su dignidad está amenaza. También hay un derecho a propagar el silencio del horror”.

Fragmentos tomados de “El derecho a la dignidad del silencio”, conferencia incluída en En el espejo del pasado, dentro del tomo II de las Obras completas de Iván Illich.

Comparto texto de Javier Sicilia sobre el silencio. Anexo después algunos fragmentos de Iván Illich que ayudan a profundizar en esta vía.

¿Por qué el silencio?

Javier Sicilia

Cuando hace casi nueve meses, en la Plaza de Cuernavaca, leí mi último poema dedicado a mi hijo Juan Francisco y me sumí en el silencio de la poesía, evoqué las palabras de Adorno:  “No se puede escribir poesía después de Auschwitz. ” Para un padre, el asesinato de un hijo se llama Auschwitz. Para ese mismo padre, un país con 63 mil 700 muertos, más de 10 mil desaparecidos, más de 250 mil desplazados, cuyos números aumentan día con día, y noventa y ocho por ciento de impunidad, se llama también Auschwitz.

La afirmación de Adorno no quiere decir, sin embargo, que todo poeta debería, a partir de Auschwitz, o de su propio Auschwitz, dejar de escribir.  Adorno es muy claro.  No dice:  “no debe escribirse”, sino:  “no puede escribirse”.  Yo, después del libro que escribí antes del asesinato de mi hijo, que concluye con el poema que le dedico, y que llevaba ya el aterrador y premonitorio título de “Los restos”, no puedo. Otros sí. Pienso en ese gran poeta que es Juan Gelman, que ha sufrido lo mismo que yo y que, sin embargo, desde su propio Auschwitz ha escrito muchos de los más bellos poemas de la lengua española. Pienso también en ese contemporáneo de Adorno, Paul Celan, que retomó la lengua alemana destrozada por los asesinos, para lanzarse en una de las más profundas e inquietantes aventuras poéticas:  “Accesible –escribió en 1958, en su discurso de Bremen–, próxima y no extraviada, permanecía la lengua [alemana], en medio de todo lo que se perdió. Sí, la lengua no estaba perdida. Quedaba salvaguardada, a pesar de todo. Pero tenía que atravesar todavía su propia incapacidad de hallar respuestas, atravesar su terrible mutismo. Atravesar las mil oscuridades de un discurso homicida. Atravesó sin hallar palabras para describir lo que sucedía. Atravesó y le fue dado reaparecer, enriquecida por todo aquello. Esa es la lengua en que he intentado, a lo largo de aquellos años, y desde entonces, escribir poesía.”


Yo, al dejar de escribir poesía, elegí estar en ese reverso: el silencio, de donde emana la palabra y en el cual se recoge.
La poesía de Celan se fue haciendo, sin embargo, más críptica, más intrincada, casi un balbuceo que frisaba el silenció y que concluyó con el silencio definitivo de su suicidio –su último gesto poético en el Puente Mirabeau, del que habla Apollinaire en ese poema que revela algo del amor y del tiempo– en 1970.

El silencio, en este sentido, no es una renuncia, sino un retiramiento. Es también, como lo decía otro autor cuyo nombre no recuerdo:  “Un grito, quizá el más poderoso de todos los gritos”; un grito que, en mi caso –porque nada, ni el poeta mismo, puede silenciar a la poesía que es una Gracia en él–, se ha articulado de otras maneras: a través de actos, de símbolos y de otras formas de la escritura.

Aunque la lengua española de México está salvaguardada, en medio del Auschwitz que continuamos viviendo, en sus poetas; en mi caso –y aunque sé que mi Juanelo se encuentra ya en la resurrección del Padre– habita –porque yo continúo en el cronos, es decir, en la historia– en el silencio del Viernes Santo, en ese sitio silencioso que busca, para retomar a Celan, atravesar su incapacidad de hallar respuestas, “su terrible mutismo”,  “las mil oscuridades de un discurso homicida” que se ha adueñado de mi nación. Busca la resurrección de la carne de la Patria “para reaparecer enriquecida” y, en su dolor, transfigurada. Al decir esto, me miro en un poema del propio Celan:  “En los ríos, al norte del futuro/ echo la red, que tú/ vacilante cargas/ con sombras escritas por/ piedras.” Celan habla de un esperado “aún no”, es decir, de un tiempo y un sitio que se hallan “al norte del futuro”, en unas aguas inaccesibles en las que las propias redes que pueden arrojarse en ellas están cargadas con todo el peso de lo que es y ha sido.

Mi vida hoy se encuentra, como he dicho, en el silencio del Viernes Santo –un sitio cargado del terrible dolor de mi historia y de la historia. Desde ese silencio oteo, dentro del tiempo, las aguas misteriosas y refrescantes de la resurrección que, “al norte del futuro”, aún no llega.

Además opino que hay que respetar los Acuerdos de San Andrés, liberar a todos los zapatistas presos, derruir el Costco-CM del Casino de la Selva, esclarecer los crímenes de las asesinadas de Juárez, sacar a la Minera San Xavier del Cerro de San Pedro, liberar todos los presos de la APPO, hacerle juicio político a Ulises Ruiz, cambiar la estrategia de seguridad y resarcir a las víctimas de la guerra de Calderón.


Para comprender el silencio de un poeta…

“El mundo ya no es digno de la palabra

Nos la ahogaron adentro


Como te (asfixiaron),

Como te


desgarraron a ti los pulmones

Y el dolor no se me aparta

sólo queda un mundo


Por el silencio de los justos

Sólo por tu silencio y por mi silencio, Juanelo”.


Javier Sicilia, último poema.

Javier Sicilia

En 1981, cuando la neurosis del mundo se llamaba todavía aniquilamiento nuclear, un grupo de jóvenes alemanes comenzaron a protestar silenciosamente en las calles. Se quedaban parados y sólo eso: se quedaban parados, sin hablar ni gritar. Fue una protesta singular a la que Iván Illich se unió y que después, en una conferencia de 1982 que dio en Japón, trató de justificar. Después de las críticas –muchas de “izquierda”, infundadas y con la misma lógica bárbara del poder de la violencia y la imposición; muchas otras honestas y sentidas, expresiones de confusión y malestar– que recibió el Movimiento por la Paz, y en particular Javier Sicilia, por el diálogo llevado a cabo con Felipe Calderón y sus secretarios en Chapultepec, vale la pena reflexionar sobre los límites del diálogo y las posibilidades del silencio. Que no se entienda por esto que rechazo el diálogo: sigo creyendo que la única forma de humanizar al “enemigo” es escuchándolo. Y escuchar es la mejor forma de empezar a ser escuchado… En fin, propongo reflexionar en el silencio como un recurso que, empleado en los momentos pertinentes, puede oírse más lejos que un grito.

Aquí transcribo esas ideas que pueden ayudar a entender la estruendosa denuncia del silencio:

“Sé que algunas personas dan alaridos de horror cuando ya no pueden dominar sus emociones. Y no hay nada malo en actuar por intuición del corazón más que por claridad mental. Pero, en cuanto filósofo, sé que existen poderosas razones pra rehusar el debate sobre ciertos temas. Los judíos y una franja de cristianos piensan que no deben pronunciar el nombre de Dios. Los filósofos modernos descubrieron conceptos que vuelven absurdos los enunciados en los que aparecen […]”.

“No puedo –incluso cuando invocan la importancia de un intercambio de puntos de vista –participar en una discusión en la que se considere la amenaza de genocidio, por más prudentemente que se presente”.

“No tengo otro partido más que el dar alaridos cuando encuentro gente que argumenta sobre este tema. Paradójicamente, el alarido se acerca más al silencio que la palabra […] Sin embargo, estas formas de expresión pueden hablar más fuerte y más exactamente que las palabras”.

El silencio, engastado en el alarido del horror, trasciende la lengua. Gente de países y de grupos de edad diferentes, que quizás no tienen una lengua en común, pueden hablar con una sola voz en su alarido mudo”.

“El debate público, en particular, en nuestra sociedad actual dominada por los medios de comunicación, es forzosamente jerárquico. Pero no sucede esto con el silencio elocuente y racionalmente elegido. El especialista más inteligente y más experimentado puede usar el silencio como su última palabra. Cualquiera en el mundo puede elegir la protesta silenciosa y la manifestación de un horror indescriptible para expresar su fe directa y sagaz en la vida y en la esperanza para sus hijos. La decisión de permanecer silenciosos, el ritual del ‘No, gracias’, es una vía gracias a la cual una gran mayoría de la gente es capaz de hablar alto con absoluta simplicidad”.

Al presenter el silencio como un ejemplo a seguir, mi intención no es la de desanimar un debate razonado sobre lo que motiva guardar silencio. Pero estoy consciente de que el silencio amenaza con introducir anarquía. El que permanece callado es ingobernableY el silencio prolifera […] Por ello hay que reivindicar y defender el derecho a retirarse silenciosamente del debate, el derecho a interrumpir la discusión cuando los participantes estiman que su dignidad está amenaza. También hay un derecho a propagar el silencio del horror”.

Fragmentos tomados de “El derecho a la dignidad del silencio”, conferencia incluída en En el espejo del pasado, dentro del tomo II de las Obras completas de Iván Illich.

Nos espera todavía la culminación de este árido páramo musical, con la muy festinada transmisión del tradicional y muy predecible Concierto de Año Nuevo desde Viena. Año tras año, la misma retahíla de las mismas marchas, polkas y valses, dirigidos por algún músico ilustre del momento, con resultados que van desde el tedio hasta la pena ajena. El momento singular de este horror: la imagen, repetida hasta el hartazgo, de lo más decrépito y retrógrado de la alta burguesía vienesa intentando (sin mucho éxito) batir palmas al ritmo de la Marcha Radetzky.

Juan Arturo Brennan, “Música a fin de año”

(Source: jornada.unam.mx)

Rayas (Taken with picplz.)

Rayas (Taken with picplz.)

La vida práctica es inseparable de la vida creadora. Un hombre creador que no es práctico es un mal artista. Un hombre práctico que nos creador no es un hombre práctico, es un burro de noria. No hay que decir que es ‘idealista’ querer ir en auto ignorando la gasolina. Hay que decir que es estúpido. Tan estúpido como no querer ir a otra parte que a cargar gasolina.
– Gabriel Zaid. “La efectividad poética”
Siqueiros Stanley (Tomada con instagram)

Siqueiros Stanley (Tomada con instagram)

Carta de un jesuita a Daniel Zamudio

Estimado Daniel:

“Tengo claro que algunos sectores de la Iglesia aún poseen una posición intolerante que no comparto”.

Me permito escribirte estas líneas pese a que no nos conocemos, y a que posiblemente no logres leer esta carta. Lo hago, porque no puedo quedarme callado por el mal en el que unos recalcitrantes sujetos o, mejor dicho, canallas que no son capaces de reconocer la grandeza y misterio del ser humano, te masacraron a golpes tan sólo por tu condición sexual.

Probablemente, te preguntarás por qué un religioso te está escribiendo, sabiendo que ha pertenecido a una institución que ha condenado moralmente y excluido a los homosexuales en tiempos pretéritos. Por desgracia, vivimos en una sociedad homofóbica, que no respeta esa condición. Te cuento que soy reacio a las posiciones irrespetuosas, las que censuran, las inquisidoras, las oscurantistas. Mi actitud frente a esta tendencia es de diálogo. Tengo claro que algunos sectores de la Iglesia aún poseen una posición intolerante que no comparto: pero ése es otro tema.

Te escribo con la intención de contarte que este bestial, cruel y despiadado ataque no pasará a la historia como un asalto más, o como una noticia de crónica roja más. Te prometo que lucharemos y combatiremos para que esta práctica nefasta sea extirpada de nuestra sociedad. Ha habido instituciones que han sido proféticas en la denuncia y condena de estos actos; el MovilH y la Fundación =Iguales entre otras. Para mí esas instituciones han sido presencia de Dios, y lo afirmo,  han sido, puesto que las lesbianas, gays, transexuales y bisexuales son hijos e hijas predilectas de Dios porque han sido perseguidas, pisoteados y excluidos en la historia.

Estoy seguro, Daniel, de que Dios te ama profundamente, ama tu vida, tu familia y tu condición homosexual, para nosotros eres nuestro orgullo y causa de admiración. Si nosotros los cristianos creemos en un Dios que es y se manifiesta en el amor, ¿no será que el amor entre personas del mismo sexo, por lo tanto, no es nada más ni nada menos que una concreción del amor de Dios? Créeme que si la utopía del amor se concreta, espero que nunca más existan las trincheras del odio y la violencia.

Me despido con un abrazo grande y te encomiendo en mis oraciones.

Hasta siempre, Daniel.

Dos ancianitos autócratas que yo no quisiera de abuelos…

Dos ancianitos autócratas que yo no quisiera de abuelos…

Lo creíble por increíble y lo cierto sólo porque es imposible.

Trabajo con Pierre Menard. Y dice que usa el Manual APA.

(Taken with picplz.)

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Amenaza contra defensor de “La 72”, Casa del Migrante

Buen día a todas y todos.
 
Ayer por la tarde cuando regresaba de una visita al Campamento de desplazados guatemaltecos de Nueva Esperanza, Ruben Figueroa, Defensor de Derechos Humanos, quien desde hace meses nos acompaña en La 72, Hogar - Refugio para Personas Migrantes, me informó que había sido amenazado por una persona. Los hechos narrados por Ruben fueron así:
 
“El sábado le pedí a una persona que se retirara de La 72, pues según las normas que tenemos no podía continuar. Al siguiente día esa persona, montado en una bicicleta se acercó la casa y le dijo a Ruben: “Tu sabes como corre el agua, no debiste sacarme de aquí, más adelante en cualquier momento te va a pasar algo”. Le dije que se retirara y que nuestra labor estaba expuesta a sus amenazas también”.
 
Esta es una nueva muestra de lo expuesto que estamos en Tabasco y en todo el país las personas que nos dedicamos a hacerle el camino un poco más ligero a las personas migrantes. Conozco a Ruben lo suficiente como para expresar la calidad de su trabajo, las convicciones de su vida y la pasión que pone en la defensa de las y los  migrantes.
 
Hacemos un llamado a las organizaciones civiles para que se exiga a las autoridades correspondientes, el cumplimiento de las medidas cautelares dictadas por la CNDH para La 72, que hasta el momento están suspendidas de facto. A los medios de comunicación agradecemos la difusión de estás lamentables noticias.
 
Gracias por la solidaridad de todas y todos.
 
Tomás [Fray Tomás González Castillo, OFM, Director de la Casa del Migrante en Tenosique, Tabasco]

Shockwave traffic jams recreated for first time (by newscientistvideo)

Respuesta a senador pejista herido

Acerca de ¿Es posible una república amorosa?

Del senador Carlos Sotelo García

Señor director:

Le solicito publicar en Palabra de Lector la presente carta, acerca del artículo de Javier Sicilia aparecido en Proceso 1833 bajo el título: ¿Es posible una república amorosa?

Estimado Javier: en la marcha de Cuernavaca a México, en el primer día, tuve el privilegio de acompañar a los exfuncionarios públicos que estuvieron injustamente presos a raíz del famoso “michoacanazo”. En ese proceso, con claros tintes político-partidarios, me tocó asumir la defensa de los involucrados. Fue el primer gran fracaso de Felipe Calderón en su guerra absurda contra el narcotráfico.

Ahí tuve el gusto de conocerte y saludarte. Desde entonces he seguido de cerca  el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad. En la medida de mis posibilidades, he apoyado esta lucha justa y necesaria; apoyo dado sin ningún condicionamiento, sin estridencias; de ello puede dar testimonio un compañero morelense que comparte tu lucha y que milita en mi partido, el PRD.

Me duele profundamente tu nota sobre Andrés Manuel López Obrador. No objeto tu derecho legítimo a cuestionar a la clase política en su conjunto. Hasta antes del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad, eran cifras, datos, daños colaterales, a los que tu lucha dio rostro, apellido, nombre a los padres, hijos, sobrinos, amigos y vecinos.

Tú abriste los ojos y el corazón de millones de mexicanos ante el holocausto provocado por Estados Unidos, su iniciativa del Plan Mérida y un gobierno espurio e ilegítimo.

Tienes razón cuando cuestionas el término de “república  amorosa”; no es un concepto político afortunado; creo que debemos luchar por un país justo, igualitario, soberano, equitativo. Introducir conceptos ajenos al terreno político nos lleva a la confusión de la vida pública con la vida privada.

Ahí es donde no tienes razón, querido Javier: tus conceptos religiosos son absolutamente respetables, pero son conceptos privados de tu forma de vivir y asumir tu cristianismo, por lo demás encomiable y digno de admiración.

No comparto contigo, ni con el católico Felipe Calderón, la invasión de esferas netamente republicanas, laicas. Paradójicamente, Felipe y Margarita Zavala son los principales promotores de la visita del Papa; lo hacen para contrarrestar tu influencia y la simpatía creciente por Andrés Manuel. Ya verás al “papamóvil”, al Papa, lanzándose en apoyo grotesco por los nietos de los cristeros, por los católicos hijos de Marcial Maciel y esa Iglesia cómplice de los oligarcas y sus gobiernos de derecha; esa Iglesia que ha mantenido un silencio escandaloso sobre las victimas de la guerra impuesta por la DEA al pueblo de México.

Un Papa que vendrá a impulsar al candidato del PAN o del PRI, hoy unidos en su vehemente deseo de servir de monaguillos del poder eclesial, en un ataque frontal al Estado laico, con el señor Peña Nieto de sacristán mayor.

Lamento que equipares a Andrés Manuel con los otros candidatos. Efectivamente, aún no se retoma con la fuerza que debe tener el problema de la ruptura del tejido social en estos años aciagos de la guerra entre mexicanos; tampoco el tema del lavado de dinero del narco que invade la economía formal de manera avasallante y, con ello, la vida política y social del país. Pero los antecedentes de Andrés Manuel son muy distintos a los de Peña Nieto o a los de cualquier candidato surgido del PAN.

Tienes familia en el DF. ¿No te han contado sobre las políticas sociales de Andrés Manuel a su paso por la administración del GDF?  ¿Sabías que es la entidad con mayor presupuesto destinado a los jóvenes, a las madres solteras, a los adultos mayores?

¿Sabes de la inquebrantable honestidad de Andrés Manuel y su obsesión para bajar los obscenos privilegios de la clase política en su conjunto?

En el PRD cohabitamos pillos de siete suelas y gente con convicciones y principios. Andrés es sin duda uno de los políticos mexicanos más queridos y respetados en el pueblo, por su testimonio, por su congruencia. ¿Nadie te ha mencionado esto?

Javier: hoy tu voz tiene un peso enorme en la opinión pública por tu congruencia y honestidad. Por ello te exhorto con respeto y cariño a revalorar. No te pido tu apoyo ni tu respaldo, tan solo un juicio equilibrado y justo sobre un político que, en el desierto, en el páramo de la vida pública de nuestro país, es un referente, una esperanza para los pobres de México entero.

Una esperanza para moderar la despreciable riqueza de un puñado de oligarcas –la mafia del poder, les llamabas con justicia– ante el mar de pobreza y desolación de millones de jóvenes que ven cancelados su futuro, su vida, su destino ante la insaciable voracidad de estos oligarcas y los gobiernos que sólo trabajan para ellos y su sed de oro y riquezas.

Un fuerte abrazo, mi estimado Javier; que tu voz siga sonando fuerte y, claro, por una paz con justicia y dignidad.

Atentamente

Senador Carlos Sotelo García

Respuesta de Javier Sicilia

Señor director:

Le solicito publicar la siguiente respuesta al senador Sotelo García.

Mil gracias por tu carta, querido Carlos; mil gracias también por haber caminado al lado del dolor de tantas víctimas, que son el rostro más claro de la injustica, del desastre y de la ausencia de Estado por los que atraviesa la nación.

Creo que tú, como muchos, que tienen una confianza ciega y poco crítica en las elecciones, me han malentendido. Mis críticas a la “república amorosa” de AMLO son del orden de las distinciones, tan necesarias en una época cada vez más confusa.

El amor, lo quieras o no lo quieras, incluso en el sentido confuso en que lo maneja AMLO –recuerda que AMLO es también católico– es hijo, en Occidente, del Evangelio, que rompe con la manera antigua en la que la hospitalidad se ejercía  como una obligación con los connacionales, pero no con los enemigos o con otros pueblos. Jesús introduce  –la parábola del buen samaritano es su expresión más clara– la noción de libertad, ajena al poder, ajena a la obligatoriedad: el prójimo, dice Jesús, es a quien yo escojo amar; incluso puede ser, como el tema de la parábola a la que me refiero, un enemigo (en relación con esto te recomiendo que revises mis artículos de Conspiratio y a Iván Illich). Esto, querido Carlos, nada tiene que ver con la Iglesia, que institucionalizó esa caridad y la corrompió, ni con una república que en sus instituciones de servicio no hace otra cosa que continuar la corrupción que la Iglesia inició; ni, en consecuencia, con Calderón, ni con el Papa y su visita a México, o lo que queda de él, sino con el Evangelio y la libertad de la vida espiritual –nuevamente hay que hacer distinciones, para no introducir mezclas innaturales–.

No tengo, en este sentido, nada personal contra AMLO –es más, me simpatiza mucho, lo quiero y coincido con  él más que con los otros candidatos–. Mi problema es con la partidocracia y con la realidad del país: balcanizado por el crimen, destrozado en sus instituciones, corrompido en sus partidos –¿dónde están los castigos ejemplares a los corruptos del PRD, del PAN y del PRI?; cada uno tiene sus criminales consentidos por los propios partidos– que nos negaron la Reforma Política –¿por qué tendríamos que darles de nuevo un cheque en blanco?– y que no están atendiendo el problema fundamental del país: la paz y la justicia.

AMLO, fuera de un programa a largo plazo para reconstruir algo del tejido social, no ha hablado de esos asuntos; parece que para él, como para Calderón, como para los precandidatos del PAN, como para Peña Nieto, la guerra no existe ni las víctimas, ni tampoco la corrupción ni la impunidad que corroe a los partidos y a las instituciones del Estado. Para ti tampoco, querido Carlos. No mencionas en tu carta ni a la guerra ni a las víctimas, que siguen sin justicia –incluso en estados perredistas–, ni la militarización del país, consentida y apoyada también por gobernadores perredistas.

Yo insisto en que, ante las condiciones que vive el país, la única manera de salvar la democracia es una agenda de unidad nacional donde todos juntos trabajemos por salvar a la nación y refundar el Estado. Lejos de ello, los candidatos, ajenos a la emergencia nacional, continúan sus campañas, que buscan gestionar instituciones inoperantes y corrompidas y, con ello, la guerra por otros medios.  Aunque AMLO ganara, lo haría como cualquiera de los otros, con mayorías relativas y, por lo tanto, en las condiciones de emergencia nacional en las que estamos sería incapaz –como los otros, como lo ha sido Calderón– de sanar el país y reformar el Estado. AMLO, por ejemplo, no podrá controlar a los gobernadores de su partido, convertidos en virreyes, y que no se distinguen de los gobernadores de otros partidos.

El problema, por lo tanto, no es de personas, que pueden tener las mejores intenciones, sino del pudrimiento del Estado y de los partidos, que, dada la emergencia nacional en la que estamos sumidos, debe resolverse de manera integral y profunda, no con la cosmética de unas elecciones que nos están distrayendo de los problemas fundamentales de la nación y que terminarán –ya lo son– por convertirse en lo que no he dejado de señalar desde el 8 de mayo: las elecciones de la ignominia.

Ese es mi balance político, que nada tiene que ver con la honestidad ni con las buenas intenciones de AMLO. Por lo demás, querido Carlos, mis críticas a la “república amorosa”, fundadas en argumentos que no buscan descalificar sino debatir, precisar, distinguir y conversar sobre el problema electoral en las condiciones de emergencia nacional que vivimos, han suscitado toda suerte de injurias y de insultos contra mí por parte de muchos de sus seguidores. Si eso es lo que ellos entienden por amor –sólo se ama si se está de acuerdo con AMLO–, yo no tengo cabida en esa supuesta república ni en la de ningún otro partido cuya fuente –ha sido la constante de toda la clase política– es la rivalidad, la simulación, la ausencia de autocrítica y de crítica razonada, la impunidad, la protección de intereses y el desprecio debajo de la máscara democrática.

Llevándote en el corazón, te abrazo.

Paz, Fuerza y Gozo

Javier Sicilia

Comparto texto de Javier Sicilia sobre el silencio. Anexo después algunos fragmentos de Iván Illich que ayudan a profundizar en esta vía.


¿Por qué el silencio?
Javier Sicilia
Cuando hace casi nueve meses, en la Plaza de Cuernavaca, leí mi último poema dedicado a mi hijo Juan Francisco y me sumí en el silencio de la poesía, evoqué las palabras de Adorno:  “No se puede escribir poesía después de Auschwitz. ” Para un padre, el asesinato de un hijo se llama Auschwitz. Para ese mismo padre, un país con 63 mil 700 muertos, más de 10 mil desaparecidos, más de 250 mil desplazados, cuyos números aumentan día con día, y noventa y ocho por ciento de impunidad, se llama también Auschwitz.
La afirmación de Adorno no quiere decir, sin embargo, que todo poeta debería, a partir de Auschwitz, o de su propio Auschwitz, dejar de escribir.  Adorno es muy claro.  No dice:  “no debe escribirse”, sino:  “no puede escribirse”.  Yo, después del libro que escribí antes del asesinato de mi hijo, que concluye con el poema que le dedico, y que llevaba ya el aterrador y premonitorio título de “Los restos”, no puedo. Otros sí. Pienso en ese gran poeta que es Juan Gelman, que ha sufrido lo mismo que yo y que, sin embargo, desde su propio Auschwitz ha escrito muchos de los más bellos poemas de la lengua española. Pienso también en ese contemporáneo de Adorno, Paul Celan, que retomó la lengua alemana destrozada por los asesinos, para lanzarse en una de las más profundas e inquietantes aventuras poéticas:  “Accesible –escribió en 1958, en su discurso de Bremen–, próxima y no extraviada, permanecía la lengua [alemana], en medio de todo lo que se perdió. Sí, la lengua no estaba perdida. Quedaba salvaguardada, a pesar de todo. Pero tenía que atravesar todavía su propia incapacidad de hallar respuestas, atravesar su terrible mutismo. Atravesar las mil oscuridades de un discurso homicida. Atravesó sin hallar palabras para describir lo que sucedía. Atravesó y le fue dado reaparecer, enriquecida por todo aquello. Esa es la lengua en que he intentado, a lo largo de aquellos años, y desde entonces, escribir poesía.”
Yo, al dejar de escribir poesía, elegí estar en ese reverso: el silencio, de donde emana la palabra y en el cual se recoge.La poesía de Celan se fue haciendo, sin embargo, más críptica, más intrincada, casi un balbuceo que frisaba el silenció y que concluyó con el silencio definitivo de su suicidio –su último gesto poético en el Puente Mirabeau, del que habla Apollinaire en ese poema que revela algo del amor y del tiempo– en 1970.
El silencio, en este sentido, no es una renuncia, sino un retiramiento. Es también, como lo decía otro autor cuyo nombre no recuerdo:  “Un grito, quizá el más poderoso de todos los gritos”; un grito que, en mi caso –porque nada, ni el poeta mismo, puede silenciar a la poesía que es una Gracia en él–, se ha articulado de otras maneras: a través de actos, de símbolos y de otras formas de la escritura.
Aunque la lengua española de México está salvaguardada, en medio del Auschwitz que continuamos viviendo, en sus poetas; en mi caso –y aunque sé que mi Juanelo se encuentra ya en la resurrección del Padre– habita –porque yo continúo en el cronos, es decir, en la historia– en el silencio del Viernes Santo, en ese sitio silencioso que busca, para retomar a Celan, atravesar su incapacidad de hallar respuestas, “su terrible mutismo”,  “las mil oscuridades de un discurso homicida” que se ha adueñado de mi nación. Busca la resurrección de la carne de la Patria “para reaparecer enriquecida” y, en su dolor, transfigurada. Al decir esto, me miro en un poema del propio Celan:  “En los ríos, al norte del futuro/ echo la red, que tú/ vacilante cargas/ con sombras escritas por/ piedras.” Celan habla de un esperado “aún no”, es decir, de un tiempo y un sitio que se hallan “al norte del futuro”, en unas aguas inaccesibles en las que las propias redes que pueden arrojarse en ellas están cargadas con todo el peso de lo que es y ha sido.
Mi vida hoy se encuentra, como he dicho, en el silencio del Viernes Santo –un sitio cargado del terrible dolor de mi historia y de la historia. Desde ese silencio oteo, dentro del tiempo, las aguas misteriosas y refrescantes de la resurrección que, “al norte del futuro”, aún no llega.
Además opino que hay que respetar los Acuerdos de San Andrés, liberar a todos los zapatistas presos, derruir el Costco-CM del Casino de la Selva, esclarecer los crímenes de las asesinadas de Juárez, sacar a la Minera San Xavier del Cerro de San Pedro, liberar todos los presos de la APPO, hacerle juicio político a Ulises Ruiz, cambiar la estrategia de seguridad y resarcir a las víctimas de la guerra de Calderón.




Para comprender el silencio de un poeta…

“El mundo ya no es digno de la palabra
Nos la ahogaron adentro

Como te (asfixiaron),
Como te

desgarraron a ti los pulmones
Y el dolor no se me aparta
sólo queda un mundo

Por el silencio de los justos
Sólo por tu silencio y por mi silencio, Juanelo”.

Javier Sicilia, último poema.


En 1981, cuando la neurosis del mundo se llamaba todavía aniquilamiento nuclear, un grupo de jóvenes alemanes comenzaron a protestar silenciosamente en las calles. Se quedaban parados y sólo eso: se quedaban parados, sin hablar ni gritar. Fue una protesta singular a la que Iván Illich se unió y que después, en una conferencia de 1982 que dio en Japón, trató de justificar. Después de las críticas –muchas de “izquierda”, infundadas y con la misma lógica bárbara del poder de la violencia y la imposición; muchas otras honestas y sentidas, expresiones de confusión y malestar– que recibió el Movimiento por la Paz, y en particular Javier Sicilia, por el diálogo llevado a cabo con Felipe Calderón y sus secretarios en Chapultepec, vale la pena reflexionar sobre los límites del diálogo y las posibilidades del silencio. Que no se entienda por esto que rechazo el diálogo: sigo creyendo que la única forma de humanizar al “enemigo” es escuchándolo. Y escuchar es la mejor forma de empezar a ser escuchado… En fin, propongo reflexionar en el silencio como un recurso que, empleado en los momentos pertinentes, puede oírse más lejos que un grito.
Aquí transcribo esas ideas que pueden ayudar a entender la estruendosa denuncia del silencio:

“Sé que algunas personas dan alaridos de horror cuando ya no pueden dominar sus emociones. Y no hay nada malo en actuar por intuición del corazón más que por claridad mental. Pero, en cuanto filósofo, sé que existen poderosas razones pra rehusar el debate sobre ciertos temas. Los judíos y una franja de cristianos piensan que no deben pronunciar el nombre de Dios. Los filósofos modernos descubrieron conceptos que vuelven absurdos los enunciados en los que aparecen […]”.
“No puedo –incluso cuando invocan la importancia de un intercambio de puntos de vista –participar en una discusión en la que se considere la amenaza de genocidio, por más prudentemente que se presente”.
“No tengo otro partido más que el dar alaridos cuando encuentro gente que argumenta sobre este tema. Paradójicamente, el alarido se acerca más al silencio que la palabra […] Sin embargo, estas formas de expresión pueden hablar más fuerte y más exactamente que las palabras”.
“El silencio, engastado en el alarido del horror, trasciende la lengua. Gente de países y de grupos de edad diferentes, que quizás no tienen una lengua en común, pueden hablar con una sola voz en su alarido mudo”.
“El debate público, en particular, en nuestra sociedad actual dominada por los medios de comunicación, es forzosamente jerárquico. Pero no sucede esto con el silencio elocuente y racionalmente elegido. El especialista más inteligente y más experimentado puede usar el silencio como su última palabra. Cualquiera en el mundo puede elegir la protesta silenciosa y la manifestación de un horror indescriptible para expresar su fe directa y sagaz en la vida y en la esperanza para sus hijos. La decisión de permanecer silenciosos, el ritual del ‘No, gracias’, es una vía gracias a la cual una gran mayoría de la gente es capaz de hablar alto con absoluta simplicidad”.
“Al presenter el silencio como un ejemplo a seguir, mi intención no es la de desanimar un debate razonado sobre lo que motiva guardar silencio. Pero estoy consciente de que el silencio amenaza con introducir anarquía. El que permanece callado es ingobernable. Y el silencio prolifera […] Por ello hay que reivindicar y defender el derecho a retirarse silenciosamente del debate, el derecho a interrumpir la discusión cuando los participantes estiman que su dignidad está amenaza. También hay un derecho a propagar el silencio del horror”.

Fragmentos tomados de “El derecho a la dignidad del silencio”, conferencia incluída en En el espejo del pasado, dentro del tomo II de las Obras completas de Iván Illich.

Comparto texto de Javier Sicilia sobre el silencio. Anexo después algunos fragmentos de Iván Illich que ayudan a profundizar en esta vía.

¿Por qué el silencio?

Javier Sicilia

Cuando hace casi nueve meses, en la Plaza de Cuernavaca, leí mi último poema dedicado a mi hijo Juan Francisco y me sumí en el silencio de la poesía, evoqué las palabras de Adorno:  “No se puede escribir poesía después de Auschwitz. ” Para un padre, el asesinato de un hijo se llama Auschwitz. Para ese mismo padre, un país con 63 mil 700 muertos, más de 10 mil desaparecidos, más de 250 mil desplazados, cuyos números aumentan día con día, y noventa y ocho por ciento de impunidad, se llama también Auschwitz.

La afirmación de Adorno no quiere decir, sin embargo, que todo poeta debería, a partir de Auschwitz, o de su propio Auschwitz, dejar de escribir.  Adorno es muy claro.  No dice:  “no debe escribirse”, sino:  “no puede escribirse”.  Yo, después del libro que escribí antes del asesinato de mi hijo, que concluye con el poema que le dedico, y que llevaba ya el aterrador y premonitorio título de “Los restos”, no puedo. Otros sí. Pienso en ese gran poeta que es Juan Gelman, que ha sufrido lo mismo que yo y que, sin embargo, desde su propio Auschwitz ha escrito muchos de los más bellos poemas de la lengua española. Pienso también en ese contemporáneo de Adorno, Paul Celan, que retomó la lengua alemana destrozada por los asesinos, para lanzarse en una de las más profundas e inquietantes aventuras poéticas:  “Accesible –escribió en 1958, en su discurso de Bremen–, próxima y no extraviada, permanecía la lengua [alemana], en medio de todo lo que se perdió. Sí, la lengua no estaba perdida. Quedaba salvaguardada, a pesar de todo. Pero tenía que atravesar todavía su propia incapacidad de hallar respuestas, atravesar su terrible mutismo. Atravesar las mil oscuridades de un discurso homicida. Atravesó sin hallar palabras para describir lo que sucedía. Atravesó y le fue dado reaparecer, enriquecida por todo aquello. Esa es la lengua en que he intentado, a lo largo de aquellos años, y desde entonces, escribir poesía.”


Yo, al dejar de escribir poesía, elegí estar en ese reverso: el silencio, de donde emana la palabra y en el cual se recoge.
La poesía de Celan se fue haciendo, sin embargo, más críptica, más intrincada, casi un balbuceo que frisaba el silenció y que concluyó con el silencio definitivo de su suicidio –su último gesto poético en el Puente Mirabeau, del que habla Apollinaire en ese poema que revela algo del amor y del tiempo– en 1970.

El silencio, en este sentido, no es una renuncia, sino un retiramiento. Es también, como lo decía otro autor cuyo nombre no recuerdo:  “Un grito, quizá el más poderoso de todos los gritos”; un grito que, en mi caso –porque nada, ni el poeta mismo, puede silenciar a la poesía que es una Gracia en él–, se ha articulado de otras maneras: a través de actos, de símbolos y de otras formas de la escritura.

Aunque la lengua española de México está salvaguardada, en medio del Auschwitz que continuamos viviendo, en sus poetas; en mi caso –y aunque sé que mi Juanelo se encuentra ya en la resurrección del Padre– habita –porque yo continúo en el cronos, es decir, en la historia– en el silencio del Viernes Santo, en ese sitio silencioso que busca, para retomar a Celan, atravesar su incapacidad de hallar respuestas, “su terrible mutismo”,  “las mil oscuridades de un discurso homicida” que se ha adueñado de mi nación. Busca la resurrección de la carne de la Patria “para reaparecer enriquecida” y, en su dolor, transfigurada. Al decir esto, me miro en un poema del propio Celan:  “En los ríos, al norte del futuro/ echo la red, que tú/ vacilante cargas/ con sombras escritas por/ piedras.” Celan habla de un esperado “aún no”, es decir, de un tiempo y un sitio que se hallan “al norte del futuro”, en unas aguas inaccesibles en las que las propias redes que pueden arrojarse en ellas están cargadas con todo el peso de lo que es y ha sido.

Mi vida hoy se encuentra, como he dicho, en el silencio del Viernes Santo –un sitio cargado del terrible dolor de mi historia y de la historia. Desde ese silencio oteo, dentro del tiempo, las aguas misteriosas y refrescantes de la resurrección que, “al norte del futuro”, aún no llega.

Además opino que hay que respetar los Acuerdos de San Andrés, liberar a todos los zapatistas presos, derruir el Costco-CM del Casino de la Selva, esclarecer los crímenes de las asesinadas de Juárez, sacar a la Minera San Xavier del Cerro de San Pedro, liberar todos los presos de la APPO, hacerle juicio político a Ulises Ruiz, cambiar la estrategia de seguridad y resarcir a las víctimas de la guerra de Calderón.


Para comprender el silencio de un poeta…

“El mundo ya no es digno de la palabra

Nos la ahogaron adentro


Como te (asfixiaron),

Como te


desgarraron a ti los pulmones

Y el dolor no se me aparta

sólo queda un mundo


Por el silencio de los justos

Sólo por tu silencio y por mi silencio, Juanelo”.


Javier Sicilia, último poema.

Javier Sicilia

En 1981, cuando la neurosis del mundo se llamaba todavía aniquilamiento nuclear, un grupo de jóvenes alemanes comenzaron a protestar silenciosamente en las calles. Se quedaban parados y sólo eso: se quedaban parados, sin hablar ni gritar. Fue una protesta singular a la que Iván Illich se unió y que después, en una conferencia de 1982 que dio en Japón, trató de justificar. Después de las críticas –muchas de “izquierda”, infundadas y con la misma lógica bárbara del poder de la violencia y la imposición; muchas otras honestas y sentidas, expresiones de confusión y malestar– que recibió el Movimiento por la Paz, y en particular Javier Sicilia, por el diálogo llevado a cabo con Felipe Calderón y sus secretarios en Chapultepec, vale la pena reflexionar sobre los límites del diálogo y las posibilidades del silencio. Que no se entienda por esto que rechazo el diálogo: sigo creyendo que la única forma de humanizar al “enemigo” es escuchándolo. Y escuchar es la mejor forma de empezar a ser escuchado… En fin, propongo reflexionar en el silencio como un recurso que, empleado en los momentos pertinentes, puede oírse más lejos que un grito.

Aquí transcribo esas ideas que pueden ayudar a entender la estruendosa denuncia del silencio:

“Sé que algunas personas dan alaridos de horror cuando ya no pueden dominar sus emociones. Y no hay nada malo en actuar por intuición del corazón más que por claridad mental. Pero, en cuanto filósofo, sé que existen poderosas razones pra rehusar el debate sobre ciertos temas. Los judíos y una franja de cristianos piensan que no deben pronunciar el nombre de Dios. Los filósofos modernos descubrieron conceptos que vuelven absurdos los enunciados en los que aparecen […]”.

“No puedo –incluso cuando invocan la importancia de un intercambio de puntos de vista –participar en una discusión en la que se considere la amenaza de genocidio, por más prudentemente que se presente”.

“No tengo otro partido más que el dar alaridos cuando encuentro gente que argumenta sobre este tema. Paradójicamente, el alarido se acerca más al silencio que la palabra […] Sin embargo, estas formas de expresión pueden hablar más fuerte y más exactamente que las palabras”.

El silencio, engastado en el alarido del horror, trasciende la lengua. Gente de países y de grupos de edad diferentes, que quizás no tienen una lengua en común, pueden hablar con una sola voz en su alarido mudo”.

“El debate público, en particular, en nuestra sociedad actual dominada por los medios de comunicación, es forzosamente jerárquico. Pero no sucede esto con el silencio elocuente y racionalmente elegido. El especialista más inteligente y más experimentado puede usar el silencio como su última palabra. Cualquiera en el mundo puede elegir la protesta silenciosa y la manifestación de un horror indescriptible para expresar su fe directa y sagaz en la vida y en la esperanza para sus hijos. La decisión de permanecer silenciosos, el ritual del ‘No, gracias’, es una vía gracias a la cual una gran mayoría de la gente es capaz de hablar alto con absoluta simplicidad”.

Al presenter el silencio como un ejemplo a seguir, mi intención no es la de desanimar un debate razonado sobre lo que motiva guardar silencio. Pero estoy consciente de que el silencio amenaza con introducir anarquía. El que permanece callado es ingobernableY el silencio prolifera […] Por ello hay que reivindicar y defender el derecho a retirarse silenciosamente del debate, el derecho a interrumpir la discusión cuando los participantes estiman que su dignidad está amenaza. También hay un derecho a propagar el silencio del horror”.

Fragmentos tomados de “El derecho a la dignidad del silencio”, conferencia incluída en En el espejo del pasado, dentro del tomo II de las Obras completas de Iván Illich.

Nos espera todavía la culminación de este árido páramo musical, con la muy festinada transmisión del tradicional y muy predecible Concierto de Año Nuevo desde Viena. Año tras año, la misma retahíla de las mismas marchas, polkas y valses, dirigidos por algún músico ilustre del momento, con resultados que van desde el tedio hasta la pena ajena. El momento singular de este horror: la imagen, repetida hasta el hartazgo, de lo más decrépito y retrógrado de la alta burguesía vienesa intentando (sin mucho éxito) batir palmas al ritmo de la Marcha Radetzky.

Juan Arturo Brennan, “Música a fin de año”

(Source: jornada.unam.mx)

Rayas (Taken with picplz.)

Rayas (Taken with picplz.)

"La vida práctica es inseparable de la vida creadora. Un hombre creador que no es práctico es un mal artista. Un hombre práctico que nos creador no es un hombre práctico, es un burro de noria. No hay que decir que es ‘idealista’ querer ir en auto ignorando la gasolina. Hay que decir que es estúpido. Tan estúpido como no querer ir a otra parte que a cargar gasolina."
Carta de un jesuita a Daniel Zamudio
"Lo creíble por increíble y lo cierto sólo porque es imposible."
Amenaza contra defensor de “La 72”, Casa del Migrante
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"Yo, por mi parte, era como un canal salido de un río, como un arroyo que se pierde en un jardín del Paraíso… Pero mi canal se convirtió en río, y el río en mar."

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